El agua es clave: cómo podemos mejorar su gestión con el uso de los bioestimulantes

El agua es clave cómo podemos mejorar su gestión con el uso de los bioestimulantes (2)

El 22 de Marzo volvíamos a conmemorar el Día Mundial del Agua y el 26 de Marzo el Día Mundial del Clima, dos efemérides que, desafortunadamente, nos vienen a concienciar sobre hasta qué punto es urgente abordar la problemática climatológica en el escenario actual.


Es necesario volver a evidenciar la importancia de una gestión eficiente en un contexto evidente de cambio climático y escasez de recursos. En la parcela de trabajo que abarcamos desde MAFA, la formulación de bioestimulantes también afronta esa necesidad. Y por ello las funciones de nuestros productos están alineadas con esa autoexigencia que debemos tener todos nosotros de cara a cuidar nuestras reservas de agua.

En este post te explicamos cómo la correcta aplicación de bioestimulantes agrícolas puede contribuir a optimizar esta gestión del agua que tan prioritaria es, en la actividad agrícola en particular y en todos los ámbitos en general.

La eficiencia en el uso del agua es el pilar de la sostenibilidad económica de cualquier explotación agrícola. El agua conecta el suelo, el microbioma y la planta. Y es precisamente por eso que integrar soluciones biológicas se vuelve especialmente necesario en la actualidad, ya que permite que el cultivo mantenga su actividad fotosintética incluso en condiciones de restricción hídrica severa, optimizando cada gota disponible.

El papel de los bioestimulantes de nueva generación

Los bioestimulantes actúan en puntos críticos del sistema planta-suelo, de manera que guardan una importante relación con esa gestión eficiente del agua de la que hablamos.

¿Cómo actúan los bioestimulantes en este sentido?

EN LOS ESTOMAS

Mejoran la capacidad de la planta para regular la apertura de los estomas en condiciones de déficit hídrico. Dicho de otra forma, permiten a la planta cerrar sus estomas de manera más eficiente para reducir la transpiración y perder menos agua.

TRANSPIRACIÓN

Los bioestimulantes logran reducir la pérdida de agua excesiva sin comprometer la tasa fotosintética ni el enfriamiento de la hoja. Además, ayudan a la planta a acumular sustancias como prolina y azúcares solubles, evitando que la planta se deshidrate y se marchite rápidamente.

EN LAS RAÍCES

Al estimular pelos absorbentes, maximizamos la superficie de exploración y captación en el suelo. De hecho, productos como los extractos de algas estimulan el crecimiento de las raíces, lo que aumenta la capacidad de absorción de agua y nutrientes y hace que la planta dependa menos de la humedad superficial.

EN EL MICROBIOMA

El uso de microorganismos beneficiosos, a través de prebióticos y probióticos, favorece la formación de agregados estables en el suelo y la producción de exopolisacáridos (EPS), sustancias que actúan como esponjas biológicas, reteniendo el agua en la rizosfera y poniéndola a disposición de la planta en momentos de estrés.

LOS OSMOLITOS

Estas moléculas facilitan la retención de agua a nivel celular, actuando como un escudo protector frente a la deshidratación y la plasmólisis. Es decir, los bioestimulantes trabajan para evitar que las células vegetales pierden agua por ósmosis, frenando así la deshidratación y pérdida de turgencia de la planta.

TURGENCIA

Como consecuencia de lo anterior, el uso de bioestimulantes resulta esencial durante los periodos críticos de floración y engorde para asegurar la turgencia adecuada (esto es, la rigidez y firmeza óptima) y, por tanto, mejorar el calibre de los frutos y evitar su pérdida.



¿Objetivo central? Reducir el estrés hídrico


La bioestimulación ayuda a que la planta produzca más biomasa o fruto con la misma cantidad de agua, o incluso con menos. Por eso, al combinar la aplicación de bioestimulantes con tecnologías de riego avanzado y sensores, se puede reducir el volumen de agua de riego sin sacrificar la productividad ni la calidad.

Y es que la reducción del estrés hídrico acumulado es prioritario para asegurar la rentabilidad de los cultivos. Al disminuir el desgaste energético que éstos sufren, logramos frutos con mejor estructura, mayor vida postcosecha y una calidad diferenciada. Además, trabajamos en línea con los criterios de sostenibilidad y residuo cero de la agricultura actual, facilitando que el cultivo se recupere rápidamente después de un periodo de déficit hídrico.

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