Estas formulaciones biológicas a base de microorganismos repercuten directamente en una interacción saludable y beneficiosa entre suelo y planta, lo que contribuye de manera directa a la protección, estimulación y nutrición de los cultivos
Probióticos y prebióticos han pasado a ser en los últimos tiempos dos de las soluciones más frecuentes en el tratamiento de los problemas que soportan los cultivos agrícolas. Y hoy nos centramos en los probióticos, precisamente por su indiscutible papel en la regeneración de suelo y en la conservación del microbioma.
La clave para saber cómo funcionan es su composición, ya que los probióticos agrícolas deben contener microorganismos vivos, fisiológicamente estabilizados para cumplir funciones muy específicas que favorezcan el restablecimiento de las funciones más esenciales del suelo. Es por este motivo que los probióticos, además de aportar beneficios a la producción del cultivo, son la mejor alternativa al uso de los fertilizantes tradicionales. ¿La razón? Favorecen y mantienen un adecuado equilibrio de los ecosistemas.
Principalmente son desarrollados a partir de bacterias (Bacillus, Pseudomonas, Azotobacter y Azospirillum) y hongos (Trichodermas y hongos micorrícicos, Gigaspora o Rhizophagus)
1
La interacción entre el microorganismo probiótico y la planta se produce en el suelo
Es sin duda la funcionalidad principal del probiótico, en la medida en que éste estimula el crecimiento de ciertos microorganismos que permitan obtener a la planta un beneficio concreto, como puede ser la fijación del nitrógeno. ¿Por qué ocurre esto? Porque estos microorganismos se suelen encontrar de forma natural en las raíces y su entorno, de tal manera que propician interacciones en la rizosfera entre el suelo, la planta y el microorganismo.
Es la base de los microorganismos promotores de crecimiento vegetal o
PGPM (Plant Growth Promoting Microorganisms), que, entre otras cosas, deben cumplir requisitos tan específicos como:
-Que no afecten al hombre ni a otros microorganismos benéficos.
-Que no invadan los tejidos internos de la planta.
-Que puedan colonizar la superficie de la raíz.
-Que alcance una elevada concentración microbiana en la rizosfera para cumplir su función.
2
Aumentan la materia orgánica favoreciendo la liberación de nutrientes
Los probióticos ayudan a descomponer residuos de cultivos y otros materiales orgánicos, lo que permite la liberación de nutrientes esenciales, como nitrógeno y fósforo, en formas disponibles para las plantas. ¿Cómo? Porque el aumento de la materia orgánica disponible en el suelo contribuye a la formación de humus y mejora la estructura del sustrato, lo que incrementa su capacidad para retener agua y nutrientes.
Se estima que en un suelo sano el contenido de materia orgánica está en torno al 5%, y, dentro de ese porcentaje, el 10% aproximadamente lo integran los microorganismos del suelo.
3
Favorecen un suelo equilibrado, saludable y resiliente
Los microorganismos que ponemos a trabajar cuando se aplica un probiótico estimulan la actividad de otros microbios beneficiosos, creando un entorno más biodiverso y funcional. De esta manera, se está favoreciendo un equilibrio saludable de la microbiota del suelo, lo que puede prevenir enfermedades y reducir la necesidad de tratamientos químicos.
Y, lo más importante, se está impidiendo que entren en escena otros microorganismos patógenos; al producir sustancias antimicrobianas como el ácido láctico, inhiben el crecimiento de hongos y bacterias dañinas. De esta forma, se fomenta un suelo supresivo, en el que ningún ser vivo destaca por encima de otro compitiendo por los recursos del medio.
Además, los probióticos ayudan a mejorar la calidad del suelo, aumentando su porosidad y capacidad de retención de agua y facilitando la penetración de nutrientes en las raíces, algo especialmente beneficioso en los ciclos de sequía que padecen los cultivos de determinadas partes del planeta.
4
Los microorganismos son parte de las plantas
No deja de ser relevante la importancia que tienen los microorganismos en la propia naturaleza de las plantas, ya que se estima que aproximadamente el 50% de las células de estas son de origen vegetal, mientras que el otro 50% son microorganismos que se asocian a ellas.
Dicho de otro modo: aproximadamente la mitad de la biomasa celular de los cultivos agrícolas está compuesta por microorganismos. Por eso, como siempre decimos en MAFA, la propia naturaleza nos da las soluciones a muchos problemas.
Ahí tenemos al hongo del género Trichoderma spp, presente en nuestro probiótico Trichospore, que tiene la capacidad de solubilizar nutrientes al tiempo que ejerce un papel de biocontrol de otras enfermedades. O al hongo Aspergillus niger EEZ-93, que coloniza la raíz de la planta mejorando el crecimiento y la tolerancia a la sequía y la salinidad. Lo tiene Asperbio, que aumenta la solubilidad de los nutrientes, incluido el fosfato.
Por eso es tan importante proteger el microbioma del suelo, que cumple funciones como la regulación del clima, la circulación de nutrientes, la tolerancia al estrés, el control de plagas y enfermedades, la degradación de contaminantes… Y los probióticos son uno de nuestros mayores aliados en esa tarea.

