Los aminoácidos: cuándo y cómo aplicarlos en los cultivos agrícolas

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Los aminoácidos, como cualquier otro nutriente que ingerimos o generamos, sirven para formar, potenciar y reparar estructuras que necesitamos para vivir. Y por eso nuestros cultivos también los requieren, y mucho.


Ya sabéis que nos gusta mostrar las muchas semejanzas que hay entre las plantas y los seres humanos. Como seres vivos que somos, tenemos más en común de lo que pensamos. Y precisamente los aminoácidos son uno de esos puntos en común: ambos los necesitamos.  ¿Por qué? Porque son moléculas que funcionan como unidad estructural de proteínas y péptidos, por lo que tienen una importancia crucial en la vida de todos los seres vivos, incluidas las plantas.

Los aminoácidos, como cualquier otro nutriente que ingerimos o generamos, sirven para formar, potenciar y reparar estructuras que necesitamos para vivir. Y por eso nuestros cultivos también los requieren, y mucho. La metionina, la L-arginina, la L-alanina, la L-glicina y el L-ácido glutámico están entre los más importantes para las plantas, que los sintetizan a partir del carbono, el oxígeno y el hidrógeno.

Durante la primavera, tiene aún más sentido hablar de los aminoácidos en la medida en que impulsan la producción de clorofila y, por tanto, intervienen en la regulación de su crecimiento y desarrollo, facilitando la correcta absorción de los nutrientes.

En resumen, actúan como agentes energéticos primordiales para cualquier especie vegetal.

Al participar en la síntesis de hormonas y en las reacciones enzimáticas, su papel a lo largo de la vida de la planta es muy necesario. 

Además, realizan acciones antioxidantes y ayudan a las plantas a mitigar los efectos del estrés provocado por heladas, exceso de frío o calor, cambios bruscos en las temperaturas, etc.

La cuestión es que, aunque la propia planta produce aminoácidos, el proceso bioquímico es muy complejo y consume mucha energía. Y es por ello que la aplicación de biosoluciones que los contengan puede ser muy beneficiosa en determinadas circunstancias, al permitir a la planta ahorrar energía para mejorar su desarrollo durante las etapas críticas de crecimiento o estrés abiótico.


El uso de aminoácidos en la agricultura no es nuevo. Los bioestimulantes con contenido en aminoácidos tienen un papel relevante en la mitigación del estrés abiótico y biótico de los cultivos. Están compuestos por moléculas orgánicas obtenidas mediante diversos procesos -como la hidrólisis enzimática o la fermentación- y, según su composición, pueden tener un efecto u otro en la planta, que a veces puede tener grandes dificultades para producir aminoácidos con la calidad y en la cantidad más adecuadas.

¿Cuándo necesitan aminoácidos los cultivos?

En situaciones de estrés biótico

Son momentos clave en el cultivo, que puede verse afectado seriamente si no se actúa a tiempo. Hablamos con ello del post-trasplante, determinadas fases del crecimiento, la floración o el cuajado y el desarrollo de los frutos.
Usar bioestimulantes como Aminon WSP es totalmente seguro, ya que está libre de fitotoxicidad y ayuda a la planta a mejorar su nutrición y gestionar los diversos focos de estrés que afectan a su fisiología.

En situaciones de estrés abiótico

Los fenómenos meteorológicos adversos, como el frío o el calor extremos, las inundaciones, la sequía o episodios como el granizo o el viento requieren la ayuda de aminoácidos. De esta forma las plantas pueden responder a todas esas situaciones que afectan negativamente al metabolismo de las plantas y pueden perjudicar a la cosecha y su calidad.

Por ejemplo, contra las altas temperaturas promueven la retención de agua en el citoplasma en cantidades más altas, mientras que contra las bajas temperaturas los acumulan en sus puntos más débiles. De esta manera pueden lograr una recuperación óptima.

También se puede requerir una dosis extra de aminoácidos para prevenir los efectos de hongos, bacterias, virus, nematodos, etc.

Desequilibrio en la salinidad

Cuando hay altas concentraciones de sales en las células de la planta, aminoácidos como la L-prolina protegen a la planta reteniendo agua. Es decir, le ayudan a la absorción de agua y a mantener su potencial osmótico.

Para mejorar las defensas naturales y rendimiento de los cultivos

Aplicar un bioestimulante con aminoácidos mejora enormemente la calidad de los frutos mientras se fortalecen las defensas naturales de la planta para que pueda resistir ataques de plagas, enfermedades, pedriscos, golpes de calor, etc.

Entre otras cosas, se logra  una mejor relación de azúcar y acidez en la planta (º Brix) y, en paralelo, aumentamos el tamaño y la coloración del fruto.

Para potenciar el efecto quelante

Al aplicarse de manera conjunta con los micronutrientes, los aminoácidos logran que sea más eficaz el proceso de absorción y transporte hacia la planta de los oligoelementos. Dicho de otra forma, una planta con una adecuada cantidad de aminoácidos puede absorber microelementos de escasa movilidad de forma más fácil a través de esa acción quelante que decimos..

¿Y cómo se aplican los aminoácidos?

La formulación de bioestimulantes se basa en su versatilidad. Así que su movilidad, solubilidad y compatibilidad con otros productos agrícolas, los hace fáciles de aplicar. Por ello pueden ser aplicados solos o combinados, tanto mediante aplicación foliar como radicular, en función del objetivo que se quiera lograr. 

Por ejemplo, si lo que se busca es estimular la floración o el cuajado de los frutos lo recomendable es aplicar el bioestimulante de aminoácidos directamente en la masa foliar. Si, por el contrario, lo que se pretende es estimular el sistema radicular la mejor opción será aplicarlos mediante riego.

Como vemos, los aminoácidos son una suerte de vitaminas para nuestros cultivos. Y la línea de Aminon WSP cubre diferentes necesidades a través de distintas biosoluciones. 

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