En agricultura tan importante es sacar adelante los cultivos como que éstos proporcionen una cosecha de calidad. Para evaluar esa calidad no es tan prioritario el tamaño de los alimentos producidos como sus cualidades organolépticas. Hablamos de una maduración óptima, en la que conseguimos el equilibrio entre grados Brix (azúcar), acidez y un color acorde con la demanda del mercado.
En esta ocasión veamos cómo pueden ayudarnos los bioestimulantes a lograr esa maduración organoléptica óptima, respectando siempre -por supuesto- la fenología natural del cultivo. Hemos de tener en cuenta que los bioestimulantes agrícolas que actualmente formulamos de alguna manera inducen o mejoran cada fase del cultivo: enraizamiento, desarrollo vegetativo, floración y cuajado de fruto, engorde y maduración. Centrados en esta última fase, los bioestimulantes ayudan a lograr esa maduración óptima principalmente por tres razones: mejoran la eficiencia nutricional, activan procesos metabólicos clave y aumentan la tolerancia al estrés. Cuestiones todas ellas íntimamente relacionadas con una cosecha buena, ante todo en parámetros de calidad de producción.
Movilización eficiente de nutrientes esenciales
Al intervenir en el transporte de azúcares, los bioestimulantes facilitan la movilización de nutrientes esenciales hacia el fruto. Dicho de otra forma, con la aplicación de los bioestimulantes adecuados en cada situación facilitamos que la planta mueva constantemente sus reservas de azúcares y energía desde las hojas hacia los frutos, que son el objetivo prioritario de esa maduración organoléptica.
De hecho, los bioestimulantes desempeñan un papel crucial en la optimización de la absorción de nutrientes por parte de las plantas, al mejorar su capacidad para asimilar eficazmente todo lo que reciben desde el suelo. Al favorecer la descomposición de la materia orgánica, los bioestimulantes contribuyen a la fertilidad del suelo y fomentan una relación simbiótica con la rizosfera, lo que permite desbloquear minerales esenciales como el nitrógeno o el fósforo, el boro y el potasio.
Estimulación de compuestos estructurales
Los bioestimulantes estimulan la formación de compuestos estructurales, mejorando el tamaño y la consistencia del fruto. Por eso tienen un papel relevante en la consecución de la firmeza y el calibre que deseamos. Y, también por ello, desde MAFA recomendamos integrar la bioestimulación de precisión en los momentos fenológicos clave para asegurar una división celular óptima y un llenado de frutos equilibrado que garantice el éxito en el mercado.
El potasio es el nutriente más directamente relacionado con el calibre, ya que regula la turgencia celular y el transporte de fotoasimilados hacia el fruto. El calcio, por su parte, contribuye a la estabilidad de las paredes celulares, evitando el rajado y mejorando la firmeza. Sin embargo, la disponibilidad de estos nutrientes depende de la salud del suelo y de la actividad microbiana, aspectos que los bioestimulantes pueden potenciar.
Con la ayuda de sustancias precursoras del color y de la maduración (aminoácidos específicos, sustancias con efecto osmoprotector, etc.) vamos a favorecer la movilización de azúcares, vitaminas y polisacáridos. ¿Resultado? Un aumento real de los grados Brix, una coloración más intensa y una maduración uniforme, que es lo que se valora en el mercado actual.
Plantas resistentes y sin estrés = frutos de más calidad
Al reducir el impacto del estrés ambiental en la recta final del ciclo productivo, conseguimos que los frutos lleguen a su culmen con toda la calidad deseable. Una maduración óptima pasa por plantas resilientes ante el estrés biótico y abiótico.
Un cultivo que mantiene su actividad metabólica en condiciones difíciles puede alcanzar mejores rendimientos y una mayor calidad. Con el uso de microorganismos y prebióticos conseguimos que la planta gestione su energía de forma natural, reduciendo el desgaste durante el llenado final del fruto.
Bioestimulantes y maduración: ejemplos
EJEMPLO 1: Los bioestimulantes que contienen aminoácidos y compuestos antioxidantes protegen las membranas celulares y mantienen la integridad metabólica durante condiciones adversas, asegurando un desarrollo continuo del fruto.
EJEMPLO 2: Los extractos de algas marinas, especialmente Ascophyllum nodosum, son ricos en ácido algínico, manitol, y hormonas vegetales naturales como auxinas, citoquininas y giberelinas, que influyen positivamente en el calibre final.
EJEMPLO 3: Los ácidos fúlvicos y húmicos mejoran la disponibilidad de nutrientes en el suelo y estimulan el desarrollo radicular. Al incrementar la absorción de potasio y calcio, contribuyen indirectamente al calibre.

