El estrés térmico es una forma de estrés abiótico relativamente habitual en las zonas de cultivo. El hielo intracelular y extracelular que se forma como consecuencia de las heladas pone en peligro la integridad de las células e incluso provoca su muerte. Y, aunque es habitual que los cultivos adquieran cierta tolerancia a las bajas temperaturas, cuando las condiciones son extremas las consecuencias pueden ser nefastas para la producción, mermada en cantidad y calidad por culpa de las heladas.
Con el invierno a la vuelta de la esquina y las primeras bajadas bruscas de las temperaturas en estos días, las heladas empiezan a afectar a muchos cultivos, cuya protección es lógico que nos preocupe. El estrés térmico es una alteración que sufren las plantas al estar expuestas a temperaturas extremas. Y, como ya sabemos, la temperatura -como la luz, el agua, la calidad del sustrato…- es un factor esencial para el correcto desarrollo de la planta.
Dicho de otra forma. Las heladas pueden llegar a perjudicar bastante los cultivos, y muy especialmente los hortícolas al aire libre, que ven afectados sus procesos metabólicos como consecuencia de no contar con el rango óptimo de temperatura. ¿Cuándo es realmente preocupante? Cuando bajamos de los 0º, porque, aunque hay estrés térmico por frío entre los 15 y 0 °C, bajo cero puede producirse muerte celular, por no hablar del déficit hídrico que suelen padecer las células de la planta como consecuencia de lo anterior.

¿Qué daños pueden sufrir nuestros cultivos por culpa de las heladas?
Muchos son los daños que pueden sufrir los cultivos a consecuencia de las temperaturas extremas, en este caso frías. Hablamos de daños visibles y daños fisiológicos. Lesiones necróticas y superficiales en hojas y frutos, picaduras, agrietamiento, división y muerte regresiva de los tallos, maduración anormal, decoloración, pérdida de vigor… son algunas de las consecuencias visibles en las plantas afectadas por el hielo o, incluso, la congelación.
Pero también hemos de tener en cuenta los daños fisiológicos que pueden acusar plantas y árboles, como una evidente disminución de la actividad fotosintética, un déficit en la actividad enzimática, la inhibición de la síntesis de clorofila, etc.
Aplicar bioestimulantes, una buena solución preventiva
Reducir los efectos de las heladas en los cultivos pasa por proteger la calidad y productividad de nuestras hortícolas. Y los bioestimulantes pasan por ser una buena solución preventiva. De hecho, el uso de un bioestimulante -a base de extracto de algas (ascophyllum nodosum) o con aminoácidos- es una buenísima opción para proteger los cultivos frente a las heladas.
El alga Ascophyllum nodosum mitiga el estrés por baja temperatura
Y está presente en productos como OPTIMAR o GREENCAL
¿Por qué utilizar el extracto de algas marinas frente a las heladas?
Los compuestos bioactivos presentes en los extractos de algas marinas mitigan los serios efectos de la bajada de temperaturas.
Las plantas tienden a acumular prolina, un aminoácido presente en pequeñas cantidades en las plantas con un nivel de crecimiento óptimo. Y ahí es donde la ascophyllum nodosum entra en escena, al promover la generación de este aminoácido que, en condiciones de estrés por congelamiento, aumenta la concentración de azúcares y ayuda a nuestros cultivos a afrontar ese estrago que produce un brusco enfriamiento de la atmósfera.
Las Ascophyllum nodosum representan un perfecto ejemplo de adaptación fisiológica frente a condiciones de estrés hídrico, salino y térmico. Por eso, por esa especial composición bioquímica, resultan muy útiles para su uso en agricultura. Y de hecho están en la formulación de bioestimulantes de MAFA como Optimar o Greencal.


Los bioestimulantes a base de aminoácidos: otra forma de prevenir los efectos de las heladas
Los aminoácidos actúan como agentes energéticos primordiales para cualquier especie vegetal. Por eso son de gran ayuda ante fenómenos meteorológicos adversos, como el frío o el calor extremos. De esta forma las plantas pueden responder a todas esas situaciones que afectan negativamente al metabolismo de las plantas y pueden perjudicar a la cosecha y su calidad.
Así, contra las bajas temperaturas promueven la retención de agua en el citoplasma en sus puntos más débiles. De esta manera pueden lograr una recuperación óptima. ¿Cómo?
- Evitando que la planta consuma más energía de la necesaria, algo que puede debilitarla o alterar su metabolismo.
- Ayudando al cuajado de los frutos.
- Favoreciendo la producción de fitohormonas, indispensables para el crecimiento o la floración.
- Propiciando, en definitiva, cultivos más resilientes.
Aunque las heladas representan un problema para la mayoría de cultivos agrícolas, aplicar soluciones como los bioestimulantes antes de las situaciones de estrés permite mitigar el impacto del frío en la cantidad y la calidad de la cosecha. El equipo de MAFA se pone a tu entera disposición para elegir el producto adecuado.

